
La inteligencia artificial puede ser aliada y problema a la vez: ayuda a ahorrar energía y optimizar recursos, pero también dispara el consumo eléctrico de los centros de datos y la demanda de materiales críticos. Hoy, la clave no es decir “IA sí” o “IA no”, sino cómo la usamos, con qué energía la alimentamos y para qué la ponemos a trabajar.
El lado oscuro: energía, CO₂ y materiales
Cuando pedimos una imagen, un texto o un vídeo a una IA, no pensamos en los servidores que hay detrás, ni en la factura energética que eso implica. Sin embargo, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) advierte que el consumo eléctrico de los centros de datos se más que duplicará, pasando de unos 415 TWh en 2024 a unos 945 TWh en 2030, con la IA como principal motor de ese aumento. Es una cifra enorme: equivale a la electricidad que consumen países enteros en un año.
A esa demanda energética se suma un problema menos visible: los materiales. La misma AIE prevé que la demanda de metales como el galio, esencial para chips y electrónica de potencia, crecerá hasta superar el 10% del suministro actual de aquí a 2030, impulsada en gran parte por la expansión de centros de datos y sistemas de IA. Más consumo energético, más materiales, más presión sobre ecosistemas y cadenas de suministro.
Las emisiones asociadas tampoco son menores: la AIE calcula que las emisiones ligadas al consumo de electricidad de centros de datos podrían subir de unas 180 millones de toneladas de CO₂ a 300 millones en un escenario base para 2035, y hasta 500 millones en un escenario de fuerte crecimiento. Aquí surge la pregunta incómoda: ¿qué parte de ese impacto climático estamos dispuestos a asumir a cambio de escenarios hiperconectados y automatizados?
El coste invisible: la huella de agua de la IA
Cuando hablamos del impacto ecológico de la IA casi siempre pensamos en energía y CO₂, pero hay otro recurso en juego: el agua. Los centros de datos utilizan enormes volúmenes de agua para refrigerar los servidores que hacen posible entrenar y ejecutar modelos de IA.
Un análisis del Lawrence Berkeley National Laboratory estima que solo en 2023 los centros de datos de EE. UU. consumieron alrededor de 64.000 millones de litros de agua para refrigeración, con previsiones de que esta cifra podría multiplicarse de aquí a 2028. Y estudios sobre modelos de lenguaje de gran tamaño muestran que el entrenamiento de un único modelo puede requerir millones de litros de agua si se tiene en cuenta tanto el agua usada en el propio centro de datos como la asociada a la generación de la electricidad que consume.
Si un email generado por IA, un vídeo sintético o una campaña automatizada “beben” agua del sistema, la pregunta incómoda es: ¿qué queremos que merezca realmente esa agua?
El potencial positivo: IA para ahorrar energía y reducir emisiones
La misma tecnología que consume tanta energía puede ayudar a reducirla de forma significativa si se usa con cabeza. El informe “Energía e IA” de la AIE estima que las aplicaciones de IA en edificios pueden ahorrar más de 300 TWh de electricidad en 2035 solo en calefacción y refrigeración, lo que equivale a alrededor del 5% del consumo mundial de electricidad para esos usos. Si se explotara todo su potencial, ese ahorro podría acercarse a los 500 TWh.
¿Cómo se traduce esto en la práctica?
Algoritmos que ajustan automáticamente climatización e iluminación según ocupación, previsión meteorológica y hábitos reales de uso.
Sistemas de mantenimiento predictivo que evitan averías y desperdicios energéticos.
Edificios que pasan de ser “cajas estáticas” a sistemas vivos, capaces de aprender y optimizar su comportamiento energético en tiempo real.
En el sector eléctrico, la IA ya se utiliza para integrar mejor las renovables, ajustando producción y demanda casi al segundo. Diversos análisis apuntan a que, si se despliega bien, la IA podría contribuir a reducir entre un 5% y un 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero en las próximas décadas, gracias a la eficiencia en energía, transporte, industria y agricultura. La paradoja es clara: el mismo sistema que pone en riesgo los objetivos climáticos puede ser decisivo para alcanzarlos.
¿Y el reciclaje?
De residuo a dato valioso
En reciclaje, la IA está empezando a cambiar las reglas del juego.
Algunos ejemplos que ya se están implantando:
Sistemas de visión artificial que reconocen tipos de residuos en cintas de selección y los separan con más precisión que un operario humano, reduciendo la tasa de error y aumentando el porcentaje de materiales recuperables.
Modelos que predicen dónde y cuándo se generarán más residuos para optimizar rutas de recogida y ubicación de contenedores, reduciendo kilómetros recorridos y emisiones asociadas.
Analítica avanzada para detectar fraudes, mejorar trazabilidad y evitar el greenwashing en cadenas de reciclaje y reutilización.
En paralelo, la automatización inteligente de edificios y ciudades (sensores, IoT, algoritmos de optimización) permite diseñar entornos donde reducir, reutilizar y reciclar no sea un acto heroico, sino algo integrado en la vida cotidiana. Menos despilfarro, menos residuos, más circularidad real.
La pregunta incómoda aquí es otra: ¿queremos usar la IA solo para reciclar mejor lo que ya hemos mal diseñado, o nos atrevemos a usarla también para cuestionar el modelo de consumo que lo genera?
Entonces… ¿IA buena o mala para el planeta?
La respuesta corta es: depende de nuestras decisiones colectivas.
Algunos puntos clave que marcan la diferencia:
De dónde viene la energía: si la electricidad que alimenta centros de datos y modelos de IA procede en gran parte de renovables, el impacto climático se reduce; si seguimos tirando de fósiles, amplificamos el problema.
Para qué la usamos: no tiene el mismo sentido ambiental dedicar potencia de cálculo a optimizar redes eléctricas y edificios que a generar contenido trivial sin límite.
Cómo regulamos y diseñamos: directivas como la europea de eficiencia energética de edificios ya obligan a integrar sistemas inteligentes para reducir consumo y emisiones, empujando a un uso de la IA alineado con objetivos climáticos.
La AIE señala algo muy revelador: si se adoptan de forma generalizada las aplicaciones de IA que ya existen, los ahorros de emisiones podrían superar las emisiones totales del propio sector de centros de datos. Es decir, el “balance” puede ser positivo, pero no está garantizado.
Y ahora te toca a ti (y a tu organización)
Esta reflexión no va solo de tecnología, sino de responsabilidad. Cada vez que una empresa, una administración o un estudio creativo apuesta por “meter IA en todo”, debería hacerse al menos tres preguntas:
¿Qué problema ecológico concreto quiero resolver con esta herramienta?
¿Qué huella energética, material y de agua tiene la solución que estoy diseñando?
¿La IA que uso acerca mi modelo a la economía circular o solo maquilla un sistema derrochador?
Porque sí, la IA puede ayudar a optimizar procesos, reducir emisiones y darle una segunda vida a muchos recursos… pero también puede convertirse en la excusa perfecta para seguir consumiendo más, más rápido y más lejos de los límites del planeta.
La cuestión es incómoda, pero necesaria:
¿Queremos una IA que solo nos haga la vida más cómoda, o una IA que nos obligue a vivir de forma más consciente y responsable?
Fuentes:
-
IEA – Consumo energético de centros de datos y papel de la IA.
https://www.datacenterdynamics.com/es/noticias/la-iea-prev%C3%A9-que-el-consumo-energ%C3%A9tico-de-los-centros-de-datos-se-duplique-en-2030-hasta-alcanzar-los-945-twh -
IEA – Informe “Energía e IA” (ahorros energéticos potenciales con IA).
https://www.eseficiencia.es/2025/04/24/energia-ia-demanda-electricidad-centros-datos-duplicara-2030-inteligencia-artificial-prin -
World Economic Forum – IA, energía y emisiones globales.
https://es.weforum.org/stories/2024/07/ia-y-energia-la-ia-reducira-las-emisiones-o-aumentara-la-demanda -
Schneider Electric – IA en edificios inteligentes.
https://blogespanol.se.com/edificios/2025/01/31/ia-en-edificios-un-viaje-que-solo-acaba-de-empezar -
Imasgal – Automatización inteligente para edificios sostenibles.
https://imasgal.com/automatizacion-inteligente-edificios-eficiencia-energetica -
IDEATSG – IA para la eficiencia energética.
https://ideatsg.com/energia/ia-para-la-eficiencia-energetica-la-nueva-inteligencia-operativa -
Barnett, J. – Huella hídrica de los modelos de IA.
https://generative-ai-newsroom.com/the-often-overlooked-water-footprint-of-ai-models-46991e3094b6 -
Li, P. et al. – “Uncovering and Addressing the Secret Water Footprint of AI Models”.
https://arxiv.org/abs/2304.03271 -
The Conversation – Consumo masivo de agua en centros de datos.
https://theconversation.com/data-centers-consume-massive-amounts-of-water-companies-rarely-tell-the-public-exactly-how-much-2629









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