Spread the love

 TIENDA EN GRANADA DE PRODUCTOS FABRICADOS ARTESANALMENTE A PARTIR DE LO QUE OTROS TIRAN A LA BASURA. LA BASURA DE GRANADA SE VENDE EN FRANCIA

Cajas de tabaco de liar convertidas en monederos, abrigos que se convierten en bolsos, mesas construidas a partir de ventanas viejas, lámparas construidas con tapas de ollas -y con instrucciones para desmontarlas y volverlas a montar, como las de cierta multinacional sueca-… Objetos construidos con basura reutilizada de los granadinos y que los artesanos que los fabrican se tienen que llevar a vender a Francia o ‘colocar’ a través de internet en otros países para hacer rentable su negocio.

«En España no hay cultura del reciclaje, de la reutilización», explica Laura, artesana y copropietaria de la tienda ‘Y mucho más’, negocio que vende exclusivamente productos fabricados artesanalmente a partir de lo que otros tiran a la basura. «El mercadillo con productos de este tipo es más común en Europa, pero aquí parece que cuesta trabajo, aunque sean cosas con un trabajo detrás, creadas artesanalmente, sólo que con materia prima reciclada».

Laura es licenciada en Bellas Artes y escultora, sus compañeros, David y Melanie, son arquitectos, franceses que llegaron a Granada como Erasmus hace años y que todavía no se han ido. En la tienda tienen bien repartidas las funciones, con la española encargándose de la ropa -bolsos, monederos, mochilas- y los extranjeros de los electrodomésticos y los muebles. Ellos mismos se encargan de llevar, cada quince días, parte del material a vender en el sur de Francia. Aparte, a través de internet han llegado a vender algunas de sus creaciones en Holanda o Noruega. «Si viviésemos sólo de los clientes españoles, no habríamos durado ni dos meses», afirman.
Una lámpara de tapas de ollas. | J.G.H.

Una lámpara de tapas de ollas. | J.G.H.

A muchos niveles, negocios como ‘Y mucho más’ son todo lo contrario de un centro comercial, y no sólo por facturación, tamaño o volúmen de trabajo. Para empezar, cada objeto es único, y los proveedores no son precisamente los mismos -el de más ‘glamour’ es casi siempre el trapero-; y, de remate, aquí las cosas son más caras. Por mucho que parezca un contrasentido, hay que entender que tienen detrás varios costes. Primero y fundamental, el de limpiarlo. Segundo, las herramientas. Tercero, el tiempo que invierte el artesano, argumentan.

David enseña la tabla de una mesa que ha hecho con la ventana y varios azulejos que tiró el vecino de arriba cuando reformó su piso. Para él resulta inconcebible que alguien quiera deshacerse de esas piezas: «la ventana está bien, los azulejos son estupendos… dentro de 50 años, cuando no queden, alguien se va a dar cuenta de lo que tenía. Pero va a ser muy tarde».

El vecindario los nutre bastante bien de material, sobre todo el supermercado que tienen a pocos metros, cuyo cartón alimenta nuevas creaciones, «aunque es muy difícil de manejar», advierten. Aprovechar se aprovecha todo: el local es una antigua carniceria, cuyos ganchos para la carne han acabado sirviendo de percheros. El pequeño lavabo en que el carnicero se lavaba las manos es ahora una maceta. «A veces no sabes lo que vas a hacer con algo, supongo que eso es una desventaja», explica David.

«Si llega alguien y te pregunta qué vas a tener la semana que viene, pues no lo sabes, claro. Depende de lo que te caiga en las manos y del tiempo que tardes en pensar lo que vas a hacer con ello. Pero bueno. Ya lo sabíamos cuando empezamos a dedicarnos a esto», reconoce.

Vía: el mundo