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La expresión plastificar una carretera, en lugar de asfaltarla, puede imponerse en las próximas décadas. Aunque mezclar plástico con betún para recubrir calzadas no es algo nuevo, sí lo es la reciente instalación en Holanda de vías construidas en su totalidad con plástico reciclado. De funcionar como se espera, este par de carriles-bici pueden suponer una parte importante de la solución a dos graves problemas: la acumulación de toneladas de plástico en los océanos y el agotamiento del petróleo, del que proviene el asfalto.
En septiembre de 2018, los habitantes de la ciudad holandesa de Zwolle estrenaron el primer carril bici del mundo fabricado íntegramente por plástico reciclado. Unos treinta metros de calzada para los que se utilizó una cantidad de plástico equivalente a alrededor de 500.000 tapones. Un mes después, en noviembre, los vecinos de la ciudad de Giethoorn repitieron una inauguración similar. La empresa PlasticRoad —unión de las holandesas KWS, Wavin y Total— construyó ambas vías, que se montan y desmontan como si se tratase de piezas de Lego. “El producto consta de elementos individuales que se ensamblan, lo que facilita el mantenimiento, ya que un elemento puede desconectarse fácilmente y reemplazarse por otro”, describe a OpenMind Anne Koudstaal, el inventor y jefe de proyecto de PlasticRoad.

Los dos carriles pilotos están equipados con sensores para hacer un seguimiento de cómo se comportan, y así controlar parámetros que incluyen la temperatura, el número de bicicletas que soportan o la durabilidad: “Hasta ahora los resultados de las pruebas han sido positivos, aunque seguimos monitorizando las carreteras piloto para aprender de ellas”, cuenta Koudstaal. Una de las innovaciones de este tipo de calzada es que albergan un hueco en su interior por el que pueden discurrir conducciones como tuberías y cableado, lo que también hace más sencillo su mantenimiento. Los módulos prefabricados de plástico reciclado son ligeros y fáciles de transportar hasta el lugar en el que se quiere construir la carretera, donde se insertan unos con otros. “Requiere de menos trabajo de excavación que una construcción tradicional”, asegura Koudstaal.

No es la primera vez que se usa plástico u otros materiales en la construcción de vías. “La innovación en construcción de carreteras es muy positiva. Se han realizado proyectos con diversos materiales, como neumáticos fuera de uso o residuos de construcción y demolición, así como iniciativas piloto con productos como el alpechín (residuo proveniente de la aceituna en la extracción del aceite)” relata a OpenMind Elena de la Peña, subdirectora general técnica de la Asociación Española de la Carretera. En la India, Australia, Indonesia, Reino Unido o Estados Unidos se construyen desde hace años calzadas con algún porcentaje de plástico reciclado en su composición. En estos casos se mezcla betún con restos plásticos, sobre todo de productos de embalaje compuestos por PET (polietileno tereftalato), PVC (policloruro de vinilo), PP (polipropileno) y HDPE (polietileno de alta densidad). Tras la recogida y clasificación, el plástico se limpia, seca y mezcla a unos 170º Celsius. Después se le añade el betún caliente, y la combinación resultante se dispone sobre la vía en capas, de forma similar a como se recubre con asfalto. Hasta ahora, ese compuesto plástico ha resultado tener una mayor resistencia al deterioro que el que se emplea en las carreteras convencionales.

Respecto a aquellos primeros intentos de reciclar plástico en calzadas —en la actualidad los océanos soportan 150 millones de toneladas de plástico, y solo en el Pacífico flota una isla plástica tan grande como la superficie de España, Francia y Alemania juntas—, los recién inaugurados carriles holandeses presentan algunas mejoras. “Podemos utilizar una mayor cantidad de desechos. La construcción es más rápida y sencilla. La parte hueca además puede almacenar agua temporalmente, lo que previene inundaciones durante precipitaciones extremas”, detalla Koudstaal. Hay otros usos para ese espacio, como incluir la instalación de cargadores eléctricos para coches. Para de la Peña, “la mayor ventaja sería medioambiental, ya que se podrían emplear plásticos a los que actualmente no se está dando uso.” Las vías holandesas son un producto de economía circular completa —incluso el propio carril puede reciclarse en otro— por lo que su huella de carbono es mucho menor que la de las carreteras tradicionales.

Aún así, este desarrollo es tan reciente que todavía genera muchas incógnitas. “La durabilidad puede ser uno de los puntos débiles de esta iniciativa, especialmente por la exposición del material a las inclemencias meteorológicas, así como su respuesta a las cargas del tráfico”, apunta de la Peña. Koudstaal aclara que “la expectativa es que dure tres veces más que una carretera tradicional. Esta expectativa se basa en la vida útil de otros tipos de productos plásticos, como cubiertas, tapas de registro, puentes…”. Un obstáculo mayor puede estar en el coste. “Es necesario analizarlo desde un punto de vista global a lo largo de todo su ciclo de vida. Las soluciones innovadoras tienen un coste superior. No parece realista que a corto o medio plazo las calzadas vayan a construirse de manera masiva con este tipo de materiales”, afirma de la Peña. Habrá que esperar para saber si las carreteras de plástico se abren camino, y se convierten en una alternativa sostenible al asfalto por la que rodar.

Vía: https://www.bbvaopenmind.com/ciencia/medio-ambiente/rodar-por-carreteras-recicladas-de-plastico/