
Fotografía: ThisIsEngineering / Pexels
Hay palabras que, cuando las descubres, te hacen pensar: «¿Y cómo no había escuchado esto antes?». A mí me ha pasado con alargascencia.
Y me parece especialmente apropiada para hablar de consumo en verano, una época en la que compramos, renovamos, viajamos, hacemos pequeñas reformas, cambiamos cosas de casa y, muchas veces, también nos desprendemos de objetos que todavía tienen mucha vida por delante.
Pero ¿y si este verano cambiamos un poco el planteamiento?
En lugar de comprar y tirar, ¿por qué no intentamos reparar, reutilizar, intercambiar, recuperar o dar una segunda oportunidad a aquello que ya tenemos?
¿Qué es exactamente la alargascencia?
La palabra alargascencia es un neologismo formado a partir de alargar y obsolescencia. FundéuRAE la considera un término válido y explica que hace referencia a la acción o al movimiento que busca aumentar la vida útil de los productos y reducir el consumo de recursos naturales.
Me gusta porque plantea una idea muy sencilla: no todo lo que se rompe, se desgasta o deja de estar de moda tiene que acabar en la basura.
A veces solo necesita una reparación.
Otras veces, un pequeño cambio.
Y en muchas ocasiones, simplemente que otra persona pueda darle el uso que nosotros ya no le damos.
El verano también puede ser un buen momento para reparar
Seguro que en algún rincón de casa tenemos algo pendiente de arreglar.
Una lámpara que dejó de funcionar, una silla que necesita un poco de atención, una prenda que tiene un pequeño desperfecto, una bicicleta que lleva meses esperando una reparación…
También podemos descubrir que algo que nosotros ya no utilizamos puede ser útil para otra persona.
La iniciativa Alargascencia, de Amigas de la Tierra, reúne precisamente establecimientos y alternativas relacionadas con la reparación, la segunda mano, el intercambio, el préstamo, el alquiler y la recuperación de productos.
Y aquí aparece una idea que me parece especialmente bonita: alargar la vida de un objeto también significa reconocer que todavía tiene valor.
Reparar en lugar de sustituir
Estamos bastante acostumbrados a pensar que, cuando algo falla, la solución es comprar otro.
A veces puede ser la opción más lógica, por supuesto. Pero no debería ser siempre la primera.
La reparación está adquiriendo además una mayor importancia a nivel europeo. La Unión Europea aprobó en 2024 una directiva para promover la reparación de determinados productos y facilitar que los consumidores puedan optar por reparar en lugar de sustituir. Los Estados miembros deben aplicar estas nuevas normas desde el 31 de julio de 2026.
La normativa contempla, entre otras medidas, facilitar el acceso a servicios de reparación, mejorar la información y establecer determinadas obligaciones de reparación para productos sujetos a requisitos de reparabilidad.
No se trata solamente de ahorrar dinero. Reparar y alargar la vida de los productos también está relacionado con utilizar menos recursos y generar menos residuos.
¿Y si este verano hacemos nuestro propio reto?
No hace falta hacer grandes cambios.
Podemos empezar por algo muy sencillo: antes de comprar algo nuevo, preguntarnos qué podemos hacer con lo que ya tenemos.
¿Se puede reparar?
¿Se puede reutilizar para otra cosa?
¿Podemos encontrar a alguien que lo necesite?
¿Podemos comprarlo de segunda mano?
¿Podemos compartirlo o alquilarlo en lugar de comprarlo?
Son pequeñas preguntas, pero pueden cambiar nuestra manera de consumir.
Y aquí es donde la palabra alargascencia me parece tan interesante: no habla solamente de reparar un objeto. Habla de cambiar nuestra relación con las cosas.
Porque detrás de cada objeto hay recursos
Cuando tiramos un producto, no desaparece todo lo que hay detrás de él.
Para fabricarlo han sido necesarios materiales, energía, transporte, trabajo y otros recursos.
Por eso, conseguir que un producto dure más puede ser una decisión mucho más importante de lo que parece.
La propia Comisión Europea relaciona la reparación y la reutilización con un consumo más sostenible y con la prolongación de la vida útil de los productos.
Y quizá aquí esté una de las claves: no se trata de vivir sin comprar nada, sino de comprar con más sentido y aprovechar mejor aquello que ya tenemos.
Este verano, antes de tirar, pensemos dos veces
Me gustaría convertir esta idea en una pequeña conversación entre quienes pasáis por Objectbis.
Porque seguro que muchos de vosotros tenéis alguna historia detrás de un objeto que se negó a desaparecer.
Una mesa restaurada.
Una prenda que alguien cosió y siguió utilizando durante años.
Un mueble heredado.
Una bicicleta reparada.
Un aparato que conseguimos arreglar cuando todo parecía indicar que había que sustituirlo (robot de limpieza).
¿Cuál es ese objeto que todavía conserváis porque decidisteis repararlo en lugar de tirarlo?
Me encantará leeros en los comentarios o que me contéis vuestras experiencias.
Quizá entre todos descubramos que la alargascencia no es una palabra tan rara después de todo.
Es, sencillamente, dar más oportunidades a las cosas.
Y en Objectbis, eso sí que me parece una idea que merece la pena compartir.
¿Reparamos, reutilizamos y damos una segunda vida a nuestras cosas este verano?
Fuentes consultadas
FundéuRAE, «alargascencia, término válido».
Amigas de la Tierra, Alargascencia, iniciativa y directorio de reparación, reutilización, intercambio, alquiler y segunda mano.
Comisión Europea, Directive on repair of goods.
Consejo de la Unión Europea, Right to repair products.











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