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Hace poco os hablaba aquí, en Objectbis, de una palabra que acababa de descubrir y que me pareció muy interesante: alargascencia.

Frente a la obsolescencia, la idea es bastante sencilla: intentar alargar la vida de las cosas, repararlas, reutilizarlas, intercambiarlas o encontrarles una segunda oportunidad en lugar de sustituirlas por otras nuevas. El concepto me gustó muchísimo… hasta que me ha tocado vivirlo en primera persona.

Mi Conga 7090 se ha estropeado

Tengo un Conga 7090 que me ha acompañado durante años. Durante este tiempo, he ido comprando accesorios y repuestos para mantenerlo en correcto funcionamiento; algunos tienen muy poco uso y otros están prácticamente nuevos.

Pero mi robot se ha averiado. Y aquí es donde empieza el verdadero problema.

He intentado buscar una solución para repararlo, pero el coste que me presupuestan hace que, económicamente, no me compense arreglarlo frente a comprar uno nuevo. Así que, muy a mi pesar, he tenido que comprar otro.

Y entonces me he encontrado con una realidad bastante frustrante:

  • Tengo accesorios nuevos o casi nuevos que ya no puedo utilizar con el modelo que he comprado.

  • El robot antiguo, que por lo demás está en buenas condiciones, termina apartado por una avería cuya reparación no resulta rentable.

Entonces me he acordado de mi artículo anterior y he empezado a preguntarme: ¿podemos realmente practicar la alargascencia como consumidores?

Yo quería reparar

Y esta es, quizás, la parte que más me hace reflexionar. Yo no quería comprar otro robot; mi primera intención era reparar el que ya tenía y seguir utilizándolo.

Sin embargo, una cosa es querer alargar la vida de un producto y otra muy diferente es que las condiciones reales del mercado te lo permitan. Porque si reparar cuesta prácticamente lo mismo (o más) que comprar un aparato nuevo, ¿qué hacemos?

  • ¿Seguimos adelante con la reparación únicamente por una cuestión medioambiental?

  • ¿Compramos otro porque económicamente no nos queda otra alternativa?

  • ¿Buscamos un servicio de reparación independiente?

  • ¿Intentamos aprovechar las piezas por nuestra cuenta?

  • ¿Y qué hacemos con todos esos accesorios que todavía tienen vida útil pero no son compatibles con nuestro nuevo modelo?

Ahí es donde el concepto de alargascencia empieza a plantearme muchas más preguntas que respuestas.

La normativa también quiere que reparemos

Precisamente ahora estamos en un momento muy interesante a nivel normativo. La Unión Europea ha aprobado la Directiva (UE) 2024/1799, sobre normas comunes para promover la reparación de bienes, conocida popularmente como la Directiva sobre el «derecho a reparar».

Las nuevas normas buscan facilitar que los consumidores elijamos la reparación frente a la sustitución cuando un producto sea reparable, fomentando que los fabricantes ofrezcan servicios de asistencia y faciliten el acceso a piezas de recambio e información. Además, establecen en determinados casos una ampliación de al menos doce meses del período de responsabilidad del vendedor si optamos por reparar.

El plazo que tenían los Estados miembros para incorporar la Directiva a su legislación nacional terminaba el 31 de julio de 2026, y la propia Unión Europea estableció que las disposiciones debían aplicarse desde esa fecha. Pero aquí viene una cuestión que me parece clave para mi caso: no todos los productos quedan automáticamente incluidos en la obligación de reparación.

La Directiva establece que esta obligación se aplica a los productos sujetos a requisitos de reparabilidad previstos por determinados actos legislativos de la UE. Y cuando he ido a comprobar qué ocurre con las aspiradoras robotizadas, me he encontrado con un detalle curioso: el Reglamento europeo de diseño ecológico de aspiradoras excluye expresamente de su ámbito de aplicación a los robots aspiradores.

Por tanto, no puedo afirmar que esta nueva normativa me dé automáticamente un derecho a exigir la reparación de mi Conga 7090. Y esto me ha hecho pensar todavía más.

Tener repuestos no significa necesariamente poder reparar

Hay otra norma que ya tenemos en España y que también resulta interesante. El artículo 127 bis de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios establece que el productor debe garantizar la existencia de un servicio técnico adecuado y de repuestos durante un mínimo de diez años desde la fecha en que el bien deje de fabricarse, sin que se puedan incrementar injustificadamente los precios de los repuestos al aplicarlos en las reparaciones.

Y, sin embargo, mi dilema sigue ahí. Porque una cosa es que existan repuestos y otra muy distinta que la reparación resulte económicamente viable.

En mi caso, el problema no se soluciona simplemente diciendo «hay que reparar». Yo lo he intentado. Pero si el coste de arreglar un aparato con varios años de uso se acerca al precio de uno nuevo, la decisión deja de ser tan sencilla.

Y entonces aparece la gran contradicción: queremos reparar, pero ¿el sistema nos lo permite?

¿Y qué hacemos con los accesorios?

Este es otro aspecto que me preocupa enormemente. Cuando compras un aparato, no adquieres solamente el dispositivo: compras también, con el paso del tiempo, accesorios, consumibles y piezas específicas.

Tengo varios accesorios del Conga 7090 que están prácticamente a estrenar, pero ahora tengo otro modelo y ya no me sirven. No sé si podrían existir sistemas de compatibilidad entre generaciones o soluciones que permitieran aprovecharlos durante más tiempo, pero como consumidora me pregunto: ¿no sería lógico que, siempre que técnicamente fuera posible, determinados accesorios y componentes se mantuvieran entre diferentes modelos?

Quizá no sea fácil. Quizá no siempre sea técnicamente viable. Pero desde el punto de vista de quien intenta consumir de manera más responsable, resulta frustrante comprobar que cambiar de aparato significa también desechar elementos en perfecto estado.

¿Obsolescencia programada?

Aquí quiero ser muy prudente. He leído y escuchado en distintas ocasiones que algunos robots aspiradores tienen una vida útil limitada, y he encontrado comentarios que hablan de unos cinco años. Sin embargo, no he encontrado documentación oficial de Cecotec que permita afirmar que el Conga 7090 esté programado para dejar de funcionar tras ese tiempo.

Por eso no quiero caer en afirmaciones categóricas: una avería tras varios años de uso no demuestra por sí sola que exista obsolescencia programada, y creo que es importante diferenciar una cosa de la otra.

Pero sí creo que debemos hacernos preguntas sobre la durabilidad, la reparabilidad, la compatibilidad y el coste de reparación de todo lo que compramos. No hace falta que un fabricante programe deliberadamente la muerte de un aparato para que, en la práctica, el sistema nos empuje a sustituirlo antes de lo que nos gustaría.

Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros?

Esta es la pregunta que realmente quiero poner sobre la mesa.

Como consumidores, podemos intentar comprar productos más duraderos, cuidarlos, repararlos, acudir a la segunda mano, reutilizar o evitar compras innecesarias. Pero también necesitamos que los productos estén diseñados para ser reparados, que existan piezas a precios razonables, que haya servicios técnicos accesibles y, sobre todo, que reparar no sea una opción tan cara o complicada que nos fuerce a comprar un producto nuevo.

La propia Unión Europea reconoce este problema: cuando reparar resulta más caro o complejo que sustituir, la mayoría termina optando por la compra. Las nuevas medidas europeas pretenden cambiar esos incentivos, pero mi experiencia con la Conga me ha demostrado que todavía queda un largo camino por recorrer.

Y ahora quiero saber qué os pasa a vosotros

Hoy no quiero limitarme a contaros mi experiencia; quiero conocer las vuestras:

  • ¿Habéis intentado reparar algún electrodoméstico y habéis terminado comprando otro porque el presupuesto no compensaba?

  • ¿Os ha pasado tener accesorios, piezas o consumibles impecables que dejaron de servir al cambiar de modelo?

  • ¿Habéis conseguido mantener funcionando algún aparato durante muchos años gracias a reparaciones?

  • ¿Tenéis un servicio técnico de confianza que realmente os haya ayudado a alargar la vida de un producto?

  • ¿O sentís que, por mucho que queráis reparar, todo el sistema os empuja a estrenar?

Contádmelo en los comentarios. Después de escribir sobre la alargascencia, mi propia vivencia me ha dejado con una duda abierta: ¿la alargascencia está realmente en nuestras manos o necesitamos que el mercado y los fabricantes nos den las herramientas para llevarla a la práctica?

Yo todavía estoy buscando qué hacer con mi Conga 7090 y, sobre todo, qué hacer con todos esos accesorios a los que me me gustaría dar una segunda vida. Quizá alguno de vosotros tenga una buena idea… ¿qué haríais en mi lugar?